El 17 de octubre de 2021, los alumnos del Bachillerato de Artes Escénicas, acudieron a ver la función Los precursores en la sala El umbral de primavera. A raíz de esta obra, se han realizado diversos talleres de técnicas escénicas (dirección, creación, interpretación) y han redactado un trabajo necesario para la EvAU: el análisis de una función teatral.
La alumna Laura C. ha realizado un comentario excelente que compartimos con vosotros.
ANÁLISIS DE LOS PRECURSORES
Esta obra trata de la vida de tres jóvenes que se han criado solos en el bosque, con la única misión de contar todas las historias, lo cual hacen todos los días, representándolas con linternas y cerillas cuando una máquina les muestra un número que corresponde a una historia. Cada historia representa el final de la vida de una persona, y cuando estos se dan cuenta, se plantean si lo correcto es seguir o dejar de contarlas.
Se trata de una obra teatral contemporánea escenificada en un único espacio pequeño en el que hallamos varios árboles, simulando así un bosque, con una tienda de campaña en el centro del escenario.
Además, encontramos influencia del teatro de títeres cuando los personajes narran historias utilizando, en vez de marionetas, cerillas; por esto, aunque la interpretación de los actores es realista, es decir, el comportamiento de los personajes es natural, la obra es simbolista.

Toda la obra transcurre en un único espacio natural y simbolista, ya que imita un bosque con el uso de los árboles, pero en él encontramos elementos construidos por el hombre, como la tienda de campaña y dos máquinas, la de los números y un dispensador de tickets. Al no conocer los límites del bosque, el espacio es abierto y amplio, y aunque al comienzo de la obra es ordenado y compensado, según va avanzando la obra y los personajes se van planteando cosas, termina siendo un espacio salvaje y descompensado, creando así una metáfora entre el mismo y cómo se sienten los personajes; tiende a la horizontalidad, es rectangular, de colores cálidos, siendo la tierra el elemento que predomina. Durante toda la obra es un teatro a la italiana (el público es un espectador), pero al final este pasa a formar parte de la obra, interactuando con los personajes, cuando se rompe la cuarta pared.
Si hablamos de los objetos, cabría mencionar los elementos simbólicos, es decir, las cerillas, las cuales permiten a los personajes contar historias, siendo estas los protagonistas de las mismas. También encontramos elementos realistas, como la mesa de camping, las cantimploras, las tazas, etc.; todos ellos son de materiales ligeros, como el plástico, ya que los actores tienen que moverlos a lo largo de la obra, opacos, para que el público sea capaz de distinguirlos, de texturas lisas, materiales pobres y colores fuertes, ya que representan objetos infantiles.

La iluminación en esta obra tiene gran importancia (se juega mucho con ella). Esta crea una atmósfera realista, ya que según el momento del día en el que se encuentran en la escena la luz es más cálida (durante el día) o fría (durante la noche). Es una luz suave, no genera muchas sombras, de gran intensidad, artificial, cenital (desde arriba) y lateral-inferior (ya que encontrábamos un foco en el lado inferior izquierdo). El color de esta era blanco, aunque al acercarse el anochecer cobraba un color más anaranjado; en esta obra, además de la luz general, utilizan linternas para contar las historias mencionadas anteriormente, creando, con estas, una atmósfera que te transporta a la historia que representan, gracias a que aísla a los personajes y crea sombras, gracias al juego que hacen de usar la frialdad de la luz blanca natural de la linterna y una más cálida, utilizando papeles de colores rojo y verde (centrando tu atención). La dirección de la luz de las linternas varía a lo largo de la historia, pasando de cenital a frontal y a lateral, continuamente.

Por otro lado, el espacio sonoro tiene gran importancia, destacando la canción de “La mañana” o el sonido que se producía cuando aparecía el número, el cual se identificaba perfectamente. Por supuesto, los diálogos entre los personajes, las canciones que cantaban estos y las historias que contaban también tenían mucha importancia.
En la obra se genera una sensación de bucle debido a varios factores: la canción, mencionada previamente, que suena cada vez que comienza un nuevo día, el orden en el que entran y salen de la tienda de campaña, siendo siempre el mismo, o el hecho de que cada día seguían el mismo esquema (levantarse, ponerse los zapatos, beber agua, contar una historia, hablar y dormir).

Encontramos tres actores, dos chicos, delgados y de gran altura, y una chica, de menor estatura. Todos ellos son adultos representando a niños, por lo que su ropa es la propia de los niños de clase social media (camisetas con motivos infantiles) y sin maquillaje. Los personajes dominan el espacio completamente, ya que es donde han crecido; entre ellos tienen un estatus similar, todos respetan las opiniones de los demás y las consideran. Tienen una relación de hermanos, aunque no lo son, y esto lo demuestran a la hora de actuar ante el conflicto que se genera, no saben si deben continuar contando las historias como siempre se les dijo que tenían que hacer.

En definitiva, Luis invita al espectador a comprender el teatro desde su punto de vista a través de la metáfora que es la obra. Para ello, él aparece en escena varias veces, proyectándole sueños al personaje de Sara, haciéndoles contar las historias, etc., semejándose así al autor de una obra, que es quien decide que hacen los personajes.